¿Para emprender se debe ser emocionalmente más inteligente?

¿Para emprender se debe ser emocionalmente más inteligente?
Foto creada por rawpixel.com - Tomada de www.freepik.com (2021)

Autor: Alejandro Sanín Posada, emprendedor y Director de Proyectos en Siete Gestión Humana y Organizacional S.A.S. emprendimiento actualmente acompañado por Parque E

 

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Seguiste ese impulso emprendedor. Dejaste de lado miedos, preocupaciones e inseguridades y te cobijaste de optimismo y esperanza. Y ahí vas, trabajando duro, metiéndole toda y, de repente, en medio de tanta cosa que te cuentan, que lees o con la que te topas en las redes sociales, te dicen que, para que tu negocio prospere, es clave que manejes tus emociones, que seas más inteligente emocionalmente.

¿Y por qué? Te preguntarás. Pues porque estarás rodeado de mucha gente: socios, trabajadores, proveedores, clientes… y buena parte del éxito en esas relaciones dependerá del manejo de las emociones, de las tuyas y las de los demás. Sí, leíste bien: buena parte del éxito. Al menos eso señalan miles de investigaciones que han confirmado que tienden a ser más exitosas las personas que regulan apropiadamente sus emociones, en comparación con aquellas que no saben cómo hacerlo.  Y no te confundas, no estamos hablando ni de reprimir ni de manipular, solo de regular.

Eso quiere decir que, si te interesa el éxito, cualquiera que sea la definición que tengas, acabas de conocer o reafirmar uno de sus principales ingredientes: Saber manejar emociones.  Pero hay un problema, que sepas que hay que regularlas, no significa que lo hagas bien. Para llegar a eso, primero debes saber qué es una emoción, luego entender para qué sirve y, finalmente, cómo se regula.

¿Qué es una emoción?

Empecemos, entonces, por el principio. Una emoción es una respuesta automática – déjame lo repito y lo subrayo automática, de nuestro organismo a los estímulos del ambiente. El que sea automática es muy importante porque salvó la vida de nuestros antepasados. Solo pensá en las probabilidades de pasar los genes a la siguiente generación que tenía aquel sin miedo a los depredadores.

Y claro, ahora no hay depredadores mayores que nos preocupen, pero sigue habiendo riesgos, peligros, oportunidades y posibilidades. Entonces, sin la emoción “correcta” no se dará la reacción ni la decisión correcta. Lo diré de otra manera: No experimentar la emoción impide que se dé el comportamiento que nos permite y asegura crecimiento y supervivencia.

Por eso las emociones quedaron configuradas como respuestas automáticas y no como decisiones. Y compartimos con muchos otros seres vivos esa configuración, por ejemplo, todos hemos visto animales sorprendidos, asqueados, enojados y asustados. Sin embargo, los seres humanos tenemos una particularidad, un cerebro con unas condiciones especiales que nos permiten ir un poco más allá de la emoción, que nos ayuda a regularla, aprovecharla si se quiere y, también, a anticipar y evitar (o promover según el caso) las situaciones generadoras de esa emoción.

La función de las emociones

Lo diré de una forma más concreta: No podemos decidir las emociones que experimentamos, pero sí como las manejamos, También podemos evitar las situaciones que nos generarán emociones que nos producen malestar o, por el contrario, ir al encuentro de aquellas que nos harán sentir bien. Y ese es un mecanismo de autorregulación de emociones. Pero me estoy adelantando, antes de hablar de la regulación, es importante que sepas para qué sirven las emociones. Lo explicaré tomando algunas como ejemplo.

 

  • El miedo, que es una emoción básica, surge ante una situación de amenaza, eso activa las alarmas y nos dice que estamos en peligro y nos prepara, según el caso, para atacar o huir. En este caso la función del miedo es la protección.
  • La rabia, por su parte, aparece cuando percibimos un obstáculo, ese obstáculo es nuestro enemigo, por tanto, hay que luchar. La función de la rabia es entonces destruir el obstáculo.
  • La alegría surge cuando nos sentimos en sinergia con la situación, por tanto, nos hace pensar que tenemos lo que queremos y nos lleva a querer mantener la situación, así, la función de la alegría es replicar las situaciones que son cómodas y placenteras para nosotros.
  • La tristeza, por su parte, sirve para reacoplarnos, por eso lloramos, para que otros sepan que estamos tristes y se nos acerquen y ayuden con eso.
  • Y el asco sirve para rechazar lo que nos haría daño.

 

En fin, cada emoción tiene su función y esta es adaptativa, por eso las emociones no son ni buenas ni malas, son funcionales, lo que si es que algunas las experimentamos con malestar (las llamadas emociones negativas) y otras con placer (las llamadas emociones positivas). Pero todas son necesarias y fundamentales en nuestro desarrollo y crecimiento.

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Reprimir las emociones: un gran error

Por todo lo anterior es que reprimir emociones es un mal negocio, pues con eso evitamos los comportamientos funcionales y adaptativos que de ellas se derivan. De ahí que debemos evitar la positividad toxica que es cuando reprimimos emociones negativas porque nos sentimos presionados a mostrarnos felices y satisfechos y también evitar el sesgo negativo que se da cuando obviamos las cosas buenas que nos pasan y creemos que lo que nos rodea es todo negativo.

Ahora bien, cuando ya el peligro pasó, cuando el obstáculo fue eliminado, cuando logramos integrarnos, es decir cuando la emoción cumplió su función, empieza a ser inadecuado mantenerla o exacerbarla. También lo es experimentar la emoción sin el estímulo, por ejemplo, cuando sentimos miedo sin amenaza, rabia sin obstáculo, alegría fingida, tristeza sin pérdida, asco generalizado, pues eso dificulta nuestra capacidad de integración con los demás y nuestro crecimiento personal. Por eso necesitamos la regulación emocional.

La regulación emocional

La regulación es el mecanismo a través del cual modulamos las emociones para responder apropiadamente al ambiente. No hay ser humano que no regule sus emociones. Todos lo hacemos y usamos uno o varios de los mecanismos, lo que nos diferencia es cuáles. Y hay un problema: hay unos mecanismos con mejores efectos para nuestro bienestar y el de quienes nos rodean y otros que, por el contrario, suelen tener efectos inconvenientes en el corto, mediano o largo plazo. La buena noticia es que todos los mecanismos son aprendidos, así que, en la lista que verás a continuación no te preocupés si encontrás que los que más usás son los que tienen efectos negativos, pues podemos desaprenderlos y aprender a usar los más convenientes.

Mecanismos de regulación emocional con efectos positivos

  • Reevaluación y reinterpretación positiva
  • Poner en perspectiva
  • Solucionar el problema
  • Aceptación
  • Re-enfoque en la planeación
  • Conciencia plena (Mindfulness)
  • Saboreo

 

Mecanismos de regulación emocional con efectos negativos

  • Culpa (a otros y a uno mismo)
  • Rumiación
  • Catastrofización
  • Supresión expresiva y de pensamiento.
  • Evitación
  • Desahogo 
  • Consumo de sustancias 

Conclusiones ¿Qué hace un buen líder?

Ya que llegaste acá, estarás pensando que quedó faltando algo. Arriba decía que el éxito estaba en saber manejar las emociones propias y las de los demás, y de esa segunda parte no se ha hablado. Cerremos entonces con eso. Resulta que un buen líder tiene la capacidad de gestionar bien sus propias emociones, y, además con empatía, la de entender a los demás y ayudarles a regular sus propias emociones. Eso quiere decir que un líder puede enseñar o guiar a otros en la utilización de mecanismos de autorregulación.


Déjame lo explico con un ejemplo. Una persona a cargo lleva varios días culpándose por un error que cometió, además, evita desde entonces participar en las reuniones, teme volver a equivocarse y ser el blanco de las críticas. Ahí es donde se requiere un buen liderazgo, uno que note que el otro está usando mecanismos de regulación inconvenientes, para luego invitarla a hacer, por ejemplo, una “reinterpretación positiva” que consiste en ver los aprendizajes que dejó el error.

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